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Autora: Ana María Pardo (*), perfil: http://www.facebook.com/profile.php?id=1818314328 (amiga de Todos por la Educación)

La presente nota -escrita el 7 de Julio de 2009- ha sido reproducida desde http://www.dialogocreativo.com.arcon el permiso de la autora.

Los que hemos transitado por el sistema educativo sabemos que para pasar de año en el nivel secundario teníamos que aprobar todas las materias o adeudar hasta dos, denominadas previas. Las instancias de evaluación de exámenes finales eran dos: una en diciembre y otra en marzo. Esto significaba que año tras año muchos chicos repetían o quedaban fuera del sistema por múltiples causas, pero también porque el énfasis se ponía, no sólo en lo que el alumno debería saber, sino también en la oportunidad. En este caso se trataba de una mirada excluyente con pretensiones de excelencia educativa. De esta manera se pensaba, con muchas discusiones, que los que se recibían eran “los mejores”, sin contemplar las otras muchas variables que influyen en el éxito educativo, es decir: la promoción de un alumno.


 
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Finlandia, un país con apenas 5,3 millones de personas y siendo el más pobre del norte de Europa hace algunos años alcanzó los primeros puestos de los más importantes rankings internacionales que miden el éxito social (menos corrupto), económico (competitividad internacional) y político (más democráticos) de las naciones.

Finlandia ocupa el primer lugar en los resultados de los exámenes internacionales PISA, que miden los conocimientos de estudiantes de 15 años en matemáticas, ciencias y lenguajes, y es el país con mayor número de investigadores científicos per cápita en el índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas.