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Autora: Ana María Pardo (*), perfil: http://www.facebook.com/profile.php?id=1818314328 (amiga de Todos por la Educación)

La presente nota -escrita el 7 de Julio de 2009- ha sido reproducida desde http://www.dialogocreativo.com.arcon el permiso de la autora.

Los que hemos transitado por el sistema educativo sabemos que para pasar de año en el nivel secundario teníamos que aprobar todas las materias o adeudar hasta dos, denominadas previas. Las instancias de evaluación de exámenes finales eran dos: una en diciembre y otra en marzo. Esto significaba que año tras año muchos chicos repetían o quedaban fuera del sistema por múltiples causas, pero también porque el énfasis se ponía, no sólo en lo que el alumno debería saber, sino también en la oportunidad. En este caso se trataba de una mirada excluyente con pretensiones de excelencia educativa. De esta manera se pensaba, con muchas discusiones, que los que se recibían eran “los mejores”, sin contemplar las otras muchas variables que influyen en el éxito educativo, es decir: la promoción de un alumno.

Hoy la búsqueda es incluir con calidad, de hecho la Ley Nacional de Educación Nº 26.206 determina la obligatoriedad hasta el nivel secundario. Muchas veces se dice que si queremos que las cosas cambien no deberíamos hacer lo mismo. En este sentido, si queremos incluir en el sistema, sin que por ello la calidad educativa decaiga, deberíamos considerar algunas disposiciones aún vigentes. En esto es importante clarificar en qué aspectos se pone el acento, porque por lo dicho anteriormente, los tiempos de adquisición del aprendizaje no son los mimos para todos. Voy a detenerme en este aspecto. Una de las disposiciones vigentes que no contribuyen a la inclusión ni contemplan los ritmos de aprendizaje es aquella que mantiene sólo dos instancias de exámenes finales para el nivel secundario, hoy colapsado.Si observamos otro nivel, vemos que este criterio no se mantienen en el nivel superior, el cual por la misma Ley es un derecho pero no es obligatorio. Cabe señalar que en la Educación Superior no Universitaria de la Provincia de Mendoza un alumno tiene siete (7) posibilidades para ser examinado: dos instancias a fin de año, dos a principio del año siguiente, una en mayo, una en julio y otra en setiembre.

Las propuestas de la DGE para los cientos de chicos que adeudas desde tres materias es repetir todo el año o cursar sólo aquellas materias que adeudan. Esto requiere un análisis particular para los dos casos.

Si el alumno acepta la primera propuesta y al finalizar no aprueba alguna de las materias que tenía aprobadas en el año anterior, debe ir a examen nuevamente. Esto en principio parece una contradicción, porque sería como que el alumno “desaprendió” esa materia. Pero si lo vemos en detalle, sabemos que en el medio existen las suplencias de las suplencias, el ausentismo docente, las subjetividades y arbitrariedades que juegan en la aplicación de los métodos de evaluación, etc. En este sentido, podemos tener ese alumno en la misma situación, adeudando tres materias o más, al año siguiente. Allí, si va a una escuela del Estado, tiene la misma oferta, es decir: repetir o cursar las materias que adeuda.

Si el alumno tomara la segunda propuesta, es decir cursar sólo las materias que adeuda, tiene al menos dos aspectos sumamente negativos. Uno es el de convertirse en el “visitante del curso”, desconectado del grupo de compañeros al que no tienen en cuenta para los momentos de distención y de camaradería que surgen en el tránsito de la escuela secundaria. Les negamos a esos chicos la posibilidad de incluirse en grupos de pertenencia escolar, con las múltiples y consabidas consecuencias. El otro componente negativo es producto del mismo sistema, dado que tiene horarios cortados lo que se suma al ausentismo de los docentes y por ello, divagan por las plazas y veredas porque si el profesor no vino a clases, ese alumno queda afuera del curso.

Me permito remarcar que el alumno repetidor, ya sea que está haciendo el año nuevamente o sólo cursa las materias que adeuda, no sólo que se desconecta de su grupo de compañeros, sino que se descontextualiza de su grupo etario en una etapa trascendental en la vida de una persona.

Se trata de ser coherente, porque luego se pretende que estén en las escuelas pero antes no se hizo lo suficiente para incluirlos en el sistema formal. Se diseñan e implementan múltiples programas como “De la esquina a la escuela” o ampliamos las modalidades para adultos como los Centros de Educación de Nivel Secundaria (CENS) o los Centros de Capacitación para el Trabajo (CCT), en donde la población que cubren hoy, es muy joven.

Estos temas han sido debatidos en la Mesa de Diálogo Político por la Educación de Mendoza y se ha coincidido en la necesidad de actualizar la normativa para que la Educación sea más una cuestión de competencias y no una cuestión de ritmos.

(*) Ana María Pardo 

Consultora Educativa

Asesora de Gobierno,

Legislativa y de Instituciones de distintos niveles

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