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¿Son más inteligentes los jóvenes asiáticos? ¿Por qué sacan mucho mejores notas que los latinoamericanos en estos exámenes internacionales? Los expertos han estado tratando de dilucidar durante décadas si el secreto de la superioridad académica de los niños asiáticos está en la cultura familiar de la educación que reciben desde las épocas de Confucio o en mejores sistemas educativos. Sin embargo, cada vez más, están llegando a la conclusión muchas más simple: los niños asiáticos estudian más porque tienen menos vacaciones.

Mientras que el año escolar tiene 243 días en Japón, 220 en Corea del Sur, 216 en Israel, 200 en Holanda y Tailandia y 180 en Estados Unidos, en los países latinoamericanos el año escolar -cuando se incluyen los días feriados, los "puentes" y las huelgas de maestros- suelen ser de 160 días. En Uruguay el año escolar oficial es de 155 días, en Argentina de 180, en Chile de 190, y en Brasil y México de 200 días. La realidad es que muchas veces no llegan a esos días y en algunas provincias apenas alcanzan 130 días.

A simple vista pareciera una conclusión un tanto simplista. Sin embargo, los estudios de Karl Alexander (profesor de sociología) se dedicó a investigar los motivos. K.Alexander siguió durante años a 650 niños de primer grado de primaria de Baltimore, y comparó los resultados en un examen anual que se les dio a todos ellos periódicamente. Descubrió que mientras los niños de familias humildes y acaudaladas habían sacado notas muy parecidas en primer grado, con el tiempo la brecha se iba ensanchando. En cuarto grado los niños de familias acaudaladas ya tenían una gran ventaja sobre los que provenían de hogares pobres. ¿Dónde se producía el punto de quiebre? Descubrió que los niños de familias adineradas no aumentaban su ventaja durante el año escolar, sino durante las vacaciones. Sus exámenes demostraban que mientras los niños de hogares humildes regresaban a la escuela tras las vacaciones de verano con el mismo puntaje en comprensión de lectura -o menor- que tenían al finalizar el año lectivo anterior, los niños de hogares más pudientes volvían a la escuela con niveles de lectura que habían subido 52,49 puntos, porque sus padres los enviaban a cursos de verano o a campamentos juveniles donde les daban tareas que incluían lectura.

De acuerdo con Malcom Gladwell (en su reciente libro Sobresalientes: La historia del éxito) se está mirando el problema al revés. Se dedica un enorme cantidad de tiempo a discutir sobre si hay que reducir el número de niños por clase, si hay que reescribir los programas escolares, si hay que darle una nueva laptop a cada niño, y si hay que aumentar el presupuesto escolar, todo lo cual toma por sentado que hay algo fundamentalmente erróneo en la manera en que están funcionando las escuelas. El único problema con la escuela, para los niños que se están quedando atrás, es que no hay suficiente tiempo de escolaridad.

Extraído del capítulo 1 del libro Basta de Historia autor Andrés Oppenheimer
 


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